Lo que incorporamos a nuestro organismo determina la eficiencia con la que nuestro sistema sensorial procesa la información. Los micronutrientes son esenciales para mantener la microcirculación en el oído interno, un área especialmente sensible a las fluctuaciones energéticas.
El consumo de antioxidantes y minerales como el magnesio o el zinc no solo apoya la función física, sino que contribuye a una percepción de sonido cómoda, reduciendo el esfuerzo mental necesario para descodificar conversaciones en ambientes congestionados.
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Cuidado de las estructuras celulares mediante una hidratación óptima.
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Efecto protector de los ácidos grasos omega-3 en el flujo sanguíneo sensorial.
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Regulación del metabolismo energético para evitar la fatiga cognitiva.